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¿El bipartidismo en Argentina?

La escena política de la democracia liberal argentina es una que, guardando las diferencias entre periodos, se desarrolló casi siempre a manera de contienda entre dos fuerzas predominantes opositoras, como dos polos absorbentes de fuerzas políticas en base a una dicotomía sostenida sobre una cuestión en particular: la ampliación (o no) de los derechos políticos.


La concepción del Estado moderno y el fin de la hegemonía del PAN.

La historia del Estado moderno argentino data desde 1880, y eso no se debe a una casualidad ni mucho menos. Fue por aquella época que los combates que fragmentaban al país entre las fuerzas nacionales y las bonaerenses dieron cese de una vez por todas. Este nuevo panorama de estabilidad política, sin mayores conflictos civiles, donde se unificaron todas las fuerzas el Estado bajo un mandato único nacional, permitiría en años venideros a la política desarrollarse en armonía y sin el derramamiento de sangre.


El aparato estatal durante el tardío siglo XIX -y principios del XX- estuvo monopolizado siempre bajo una misma empresa: El Partido Autonomista Nacional. Este partido de notables fue el que tomó el timón de la temprana consolidación nacional y de los procesos de unificación, tales como la monetaria, la territorial, la educativa y la legal, entre otras. Por supuesto que un aparato estatal monopolizado implicaba por aquellas épocas un continuo fraude electoral para la perpetuación del PAN en el poder, lo que se logró sin mayores inconvenientes. Desde el año 1880, el comienzo de nuestra historia, 10 presidentes, durante un período de casi 40 años, fueron de influencia directa parte del alumni del PAN. 

¿Cuál fue el principio del fin de esta hegemonía? Principalmente la ley Sáenz Peña, aprobada en 1912 por el Congreso Nacional, que estipulaba el voto universal masculino y obligatorio. Esta reglamentación sentaría las bases del fin del fraude electoral por parte del PAN, y el comienzo de una nueva era con un verdadero sistema político nacional en nuestro país; un sistema político, finalmente, plural y transparente. ¿Cómo dejó el PAN que sucediese esto? Ya para 1912, el PAN estaba debilitado como partido luego de un sinfín de disputas internas y la caída de sus principales líderes, quienes mantenían el partido cohesionado y homogéneo. A eso se le sumaron la crisis del modelo agroexportador (MAE) y la segunda oleada inmigratoria, que conmocionaron al país por completo. Antes otro estallido de conflictos civiles, la ley de 1912 propuso una continuación pacífica al régimen y evitó otro tipo de fragmentación nacional, haciendo valer los esfuerzos del PAN para la construcción de un país unificado.


La irrupción de la UCR en la escena política: El primer partido de masas argentino.

En el plano social, con anterioridad, Revolución del Parque (1890) ya había acarreado en su núcleo revoltoso a todos aquellos componentes de la sociedad que pujaban por la ampliación de un nuevo juego político, transparente, plural y con posibilidad de alternancia. Para muchos historiadores, este suceso representó el comienzo de la UCR. Hemos de aclarar, la Revolución del Parque fue una revuelta principalmente impulsada por la UC (Unión Cívica) en contra del régimen fraudulento y opresor políticamente del PAN. Fue la primera movilización masiva y con suficiente peso como para hacerle oposición al partido gobernante, que acabó con el desplazamiento del entonces presidente Miguel Juárez Celman.

Ello sin embargo ni por asomo lograba derrocar al PAN, puesto que su dominio se mantenía a nivel nacional hacia dentro de las provincias. La única manera, impero, de hacerlo, era vencerlos en cada jurisdicción a nivel nacional en las urnas, y ello no podía hacerse hasta la aprobación de la Ley Sáenz Peña (1912). Ello produjo una escisión de la Unión Cívica entre Nacionales (UCN) y Radicales (UCR). Los primeros se mantuvieron dentro del juego político electoral, más allá de su naturaleza fraudulenta. Los segundos, sin embargo, emplearon una estrategia de abstención electoral “por fuera” del sistema para la expresión del descontento social con la situación del sistema político. A fin de cuentas, la estrategia de los radicales fue la que más frutos dio, ya que posibilitó el debate por la ampliación del sufragio y a su vez le proporcionó más adherentes.


A partir de la Revolución de 1890, se consolidó la oposición al oficialismo del PAN y se efectivizó a su vez el nuevo escenario partidario, dicotómico como adelantamos en la introducción. Desde 1916, primeras elecciones libres y plurales de nuestro país, las próximas dos décadas de democracia argentina estuvieron fuertemente marcadas por la disputa entre la UCR y los vestigios del PAN, siendo sus expresiones el PC (Partido Conservador) y el PDP (Partido Demócrata Progresista). Sin embargo, durante ese periodo de tiempo se marcó una clara predominancia de la UCR por sobre el viejo orden.


UCR y PJ: La contienda de los 100 años (+ Juego Imposible).

Los próximos años de historia desde la década del 30 en adelante en nuestro país serían de índole tétrica. Los continuos golpes y contragolpes militares dificultaron con absolutez el correcto juego democrático argentino, interrumpiéndolo constantemente y, cuando no era el caso, imponiéndole trabas que perjudicaban la correcta expresión de la voluntad del pueblo. Sin embargo, tanto de manera latente (cuando el juego democrático estaba cerrado por el régimen militar) como efectiva (cuando, en efecto, estaba abierto el juego democrático), los próximos casi 100 años estarían marcados por una disputa histórica a nivel político: La UCR contra el PJ (Peronismo). 


Desde el 1930 hasta el cambio de milenio en el 2000, hubo un total de 5 golpes de Estado (1930, 1943, 1955, 1966 y 1973). Ello, sin embargo, no logró domar por absoluto a la férrea disputa partidario-política que se desarrolló durante tantos años entre el radicalismo y el peronismo, y la que definiría la mayor parte de la historia política en nuestro país. 

No pretendo hacer, sin embargo, un recorrido histórico exhaustivo de dicha época. Más bien quiero recalcar los aspectos dominantes de esta disputa por el aparato estatal dado entre ambas fuerzas políticas predominantes del periodo. Perón asume la presidencia en el año 1946 a través de elecciones limpias luego de su labor como secretario de trabajo de su predecesor, Edelmiro Farrell. En ambos cargos, el general logró ampliar con contundencia todo tipo de derechos, principalmente laborales, sin opacar la expansión de derechos civiles y políticos durante sus mandatos presidenciales. En sus primeras elecciones, contó con el respaldo del aparato partidario del Partido Laborista, con el cual venció a la UCR de Tamborini. No tardaría mucho, sin embargo, en manipular esa misma maquinaria partidaria que lo llevó al poder hacia una transformación en su propio partido personalista: El Partido Peronista (próximamente Partido Justicialista, manteniendo la misma esencia).


A partir de entonces, el Partido Justicialista se enfrentaría numerosas veces contra la UCR en las elecciones nacionales. En cuanto a las presidenciales, existieron un total de 9 ocasiones (1946, 1951, 1954, 1973* (en dos oportunidades), 1983, 1989, 1999, 2011) en las que ambos partidos se disputaron la contienda como las dos fuerzas predominantes de las elecciones, siempre sobre un sistema político normativamente multipartidista, pero, en términos reales, bipolar. Durante el periodo, podemos destacar las rivalidades políticas entre los principales exponentes de ambas fuerzas: Perón (PJ)-Balbín (UCR), Menem (PJ)-Alfonsín (UCR) y CFK (PJ)-Ricardo Alfonsín (UCR).


Ahora bien, cuando hablé de latencia de la contienda me refería a, principalmente, los años durante los que estuvo proscripto el peronismo (1955-1973). Este periodo echó luz sobre el verdadero mapa político de la Argentina, que describe O´Donnell en su texto “El Juego Imposible”. En él, plantea un panorama sumamente interesante: Afirma que la política argentina durante el periodo no puede explicarse en torno al eje izquierda-derecha, sino en la antinomia peronismo-antiperonismo. O´Donnell propone un modelo en el que, en términos de aproximaciones, la sociedad argentina se presentaba dividida en, por un lado, el polo peronista (~40%) y, por el otro, el polo no peronista o antiperonista (~60%) conformado por distintas fuerzas políticas, pero principalmente una UCR escindida entre personalistas e intransigentes. Este modelo de juego, en pocas palabras, señalaba que, durante esa década y media en que al peronismo no se le permitió participar del juego democrático, la contienda jugaba en torno a esos dos polos y el uso que podían darles los partidos políticos a ambas masas del electorado. El texto de O´Donnell es muy rico teóricamente y explica con bastante practicidad el juego democrático durante ese periodo particular de peronismo proscripto, pero sin embargo rescato esa primera distinción que hace de aquella sociedad argentina de antaño. Recomiendo absolutamente la lectura de su texto para aquellos lectores que deseen indagar más sobre el desarrollo de la contienda electoral durante dichos años.


Elecciones de 2015 y el preludio de un nuevo panorama

A partir de la década del 2000, parecía que el panorama político comenzaba a cambiar. El modelo del radicalismo unificado presentaba indicios de agotamiento frente a las incontables disidencias que presentaba la fuerza hacia dentro, y ello junto a otra cantidad de factores daría en unos años lugar a un nuevo tipo de sistema político en nuestro país: el panorama de tres tercios. El clímax de fragmentación partidaria del radicalismo sin embargo podemos encontrarlo a partir del fin de la crisis de 2001. Luego de la desastrosa gestión económica y social del presidente Fernando de la Rúa, que acabó en estallido, junto con su renuncia y la crisis de sucesión luego de ella, el radicalismo perdió la mayoría de su apoyo como expresión política para las masas. Hasta 2015, luego del transcurso de tres elecciones con ausencia de la UCR entre las fuerzas predominantes, no existía una clara oposición unificada contra el PJ de los Kirchner que pudiera disputarle la bancada presidencial. Ello recién encontraría su fin cuando, bajo la sombrilla amarilla de un partido de origen porteño como lo fue el PRO, de Macri y compañía, se formularía una expresión política rival para el justicialismo, con aires a un radicalismo reformulado o sublimado.


Sin embargo, el primer escenario de tres tercios contemporáneo lo vimos en las elecciones primarias presidenciales de 2015. Si bien no se trataban de tres fuerzas lideradas por partidos con identidad propia, la distribución de votos respondía efectivamente a un escenario de las características mencionadas. Éste se vio configurado tras una suerte de escisión del PJ para dichas elecciones luego de disputas internas, postulando por un lado una rama “tradicional” del kirchnerismo bajo el rótulo de Frente Para la Victoria, liderado por Daniel Scioli, y por el otro lado el Frente Renovador, bajo las siglas de UNA, liderados por Sergio Massa. En la primera vuelta, el caudal de votos captado por el Frente Renovador imposibilitó una victoria tanto para el PRO como para el FPV, dando así lugar al primer ballotage de la historia argentina, donde el peronismo se vio vencido por la nueva reformulación opositora macrista, de índole pseudo-radical en su composición tanto interna a nivel de bancadas como así discursiva. Las elecciones de 2015, por su parte, demostraron dos cuestiones centrales para entender los años venideros de la política argentina: los primeros indicios de un electorado disconforme con las fuerzas tradicionales predominantes, y un sistema político menos reacio a mutaciones de lo que se pensaba.


Férreo borboteo multipartidista del panorama actual y posibles escenarios futuros.

Las elecciones de 2023 representan un caso de estudio particularmente interesante. ¿Cómo pudo una fuerza nueva de libertarianismo, cuya primera expresión la encontramos en las elecciones presidenciales de 2019, donde no estuvo ni entre las primeras 5 fuerzas más votadas, alcanzar la bancada presidencial? Encontramos dos principales explicaciones al fenómeno. La primera tiene que ver con los nuevos modos de comunicación y divulgación política que empleó, no extraña para el contexto mundial, pero sí para la Argentina, en que las redes sociales se convirtieron en el frente primordial para la campaña libertaria tanto por su desuso por parte de la política tradicional como su alto nivel de difusión de las noticias. La segunda apela a una primera reformulación de la fuerza: la incorporación de una celebridad mediática como Javier Milei a sus filas en 2021, donde se lo puso al frente de las listas legislativas para CABA dado tanto a su exitosa apelación al público como su formulación de un marco ideológico y discursivo para el partido.


El triunfo libertario en 2023 dejó en evidencia al sistema político fragmentado argentino de los últimos años, que desde la década del 2000 no logró ocuparse correctamente de los vacíos de representación presentes en la sociedad, disconforme con las sucesivas crisis económicas del sistema. La ausencia de un equilibrio de fuerzas predominantes dejó abierta la puerta para que nuevos partidos incurran en la escena política de primer nivel, que se formulen y reformulen continuamente para buscar ofrecer una oposición concreta a la hegemonía peronista. Finalmente, y como vimos, acabó dando frutos. En los dos balotajes que vivió el país, en 2015 y 2019 respectivamente, el peronismo se enfrentó a dos fuerzas rivales distintas (ninguna de ellas siendo la UCR) y fue derrotado por el superador caudal de votos antiperonistas que se concentraron en ellas en ambos comicios. Una primera hipótesis que podemos formular es que el peronismo, llegado al ballotage, no es capaz de superar el voto antiperonista (volviendo a la teoría de los juegos de O´Donnell (1972)), y por lo tanto siempre pierde llegada dicha instancia. Como fuerza, si no es capaz de reconstruirse en base a dicha asunción, su única esperanza para las elecciones venideras es ganar en primera vuelta, como lo hizo en 2019, y como casi lo logra en 2023.


Por otra parte, como país y sistema político queda esperar de Argentina dos posibles escenarios. El primero de ellos postula una vuelta a la bipolaridad, donde un frente conjunto entre LLA y el PRO se postulen como la nueva alternativa principal al peronismo, como lo fue la UCR en el siglo pasado. El segundo propone una multipolaridad sostenida, donde tres fuerzas o más (LLA, UCR, PRO, PJ, etc.) se enfrenten en un escenario fragmentado de la opinión pública y partidario, aún más que en la década del 2000, tanto en elecciones legislativas como presidenciales. Personalmente, y como analista político, me permito una predicción. Considero que un escenario multipolar es viable para que las principales fuerzas políticas del país se construyan sus propias bancadas en el órgano legislativo, donde sean independientes de intereses externos más allá de su propia disciplina partidaria, para así poder hacerle frente a cualquier gobierno con convicciones, banderas, ideas y proposiciones propias. Sin embargo, llegados los comicios presidenciales, es más probable que presenciemos alianzas entre fuerzas políticas cercanas, como vimos en el ballotage de 2023 entre PRO y LLA, para tener más chances de alcanzar el premio mayor de la presidencia frente a otras fuerzas que probablemente harán lo mismo. La historia de nuestro país está llena de este tipo de alianzas utilitarias, y no se deben a otra cosa que un sistema institucional que, una y otra vez, forzó a la bipolaridad política al momento de disputarse unas elecciones. En tal caso, la vuelta a la bipolaridad a largo plazo se postula como el escenario más probable.


BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA.

Ansaldi, W. (1991): “La interferencia está en el canal. Mediaciones políticas (partidarias y corporativas) en la construcción de la democracia en Argentina”, jornadas internacionales de Ciencia Política, Córdoba-Argentina. 

Gallo, E. (2000): “La consolidación del Estado y la reforma política (1880-1914)” en Academia Nacional de la Historia, Nueva historia de la Nación Argetina, tomo 4, La configuración de la república independiente (1810-1914), Ed. Planeta, Buenos Aires.

O’Donnell, G. (1972): “El juego imposible: competición y coaliciones entre partidos políticos de Argentina”, en O’Donnell, Guillermo, Modernización y Autoritarismo, Paidós, Buenos Aires.

Persello, V. (2011): “La UCR. De los orígenes a la emergencia del peronismo”, en: Iberoamericana global, vol. IV, N. 2.

Sartori, G. (1980): Partidos y sistemas de partidos. Marco para un análisis. Alianza Universidad, Madrid.


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