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La renovación está en marcha

Nuestro país está atravesando un punto de quiebre. Esto se da luego de más de 10 años de estancamiento económico, con gobiernos de ambos lados de la grieta demostrando su incapacidad para solucionar los problemas de la sociedad y, en particular, para encontrar un orden a una macroeconomía desbocada. La pandemia fue un caldo de cultivo que aceleró estas tendencias y potenció un cambio social de magnitudes aún hoy desconocidas.


Lanzamiento Revista Cíclica

Sí, tenemos algunas certezas: el pasado 19 de noviembre Javier Milei ganó las elecciones presidenciales con el 55,65% de los votos, con un discurso disruptivo, confrontando con diversos sectores de la sociedad y con la oposición de múltiples actores institucionales. Milei avanzó con medidas de ajuste de shock: una fuerte caída del gasto público y un aumento en el tipo de cambio del 118% que implicó un fuerte salto inflacionario, provocando así, la caída más grande del salario real de la que se tenga registro en la historia de nuestro país.


En simultáneo, dictó un decreto de necesidad y urgencia que derogó o modificó más de 300 leyes, e intentó avanzar con un ambicioso proyecto de ley “ómnibus” que abarcaba desde la delegación de facultades legislativas, hasta modificaciones en el Código Penal, pasando por la privatización de la gran mayoría de las empresas públicas. Debido a una extraña combinación de inflexibilidad y amateurismo por parte del Gobierno, el proyecto sufrió varias modificaciones en la Cámara de Diputados que provocó que fuera retirado del recinto. La caída del proyecto implicó una tensión en la relación del Gobierno con las provincias, al punto que Milei echó a distintos funcionarios de su gabinete vinculados a gobernadores a los que acusó de traición.


La incertidumbre conquista el escenario político. El Gobierno ataca permanentemente con información en distintos rubros que corren la agenda del día y traen a la discusión conversaciones que son redituables para ellos mientras la situación económica es alarmante.


El viernes pasado, los gobernadores de la Patagonia lanzaron un comunicado reclamando a Milei por el recorte de las transferencias a las provincias, y amenazando con desabastecer de petróleo y gas a todo el país. Este conflicto parece haber desacelerado, pero el panorama es de mínima, extraño. El Presidente enfrenta estos escenarios tuiteando, likeando y retuiteando distintos posteos que incitan a la violencia contra sus adversarios políticos.


Ante este panorama tan abrumador y complejo, donde es tan difícil distinguir entre lo que debería ser lo central en la agenda pública y lo que deberíamos dejar de lado, es fundamental frenar la pelota, barajar y dar de nuevo.


Renovemos desde el encuentro


Evidentemente algo se agotó en la sociedad argentina, sobre todo, con un gran sector dirigencial que apostó al negocio de la grieta, creyendo que la polarización iba a durar para siempre. Muchos no estuvieron a la altura de lo que demandaba el país y se perpetuaron en un modelo endogámico, hablando a través de slogans vacíos. Como jóvenes que buscamos el desarrollo de nuestro país, entendemos que es el momento de salir a la cancha e impulsar, de abajo hacia arriba, una renovación de la política argentina. Llegó la hora de que el recambio generacional avance.


No vamos a esperar que nos abran la puerta, porque eso sería reproducir la misma dinámica que nos trajo hasta esta situación crítica. Vamos a salir a patear el tablero y a jugar en serio.


Lo primero que tenemos como nuevas generaciones para ofrecer, en este panorama desolador, es una vocación total -casi obsesiva- por la formación política. En espacios de prácticamente todo el arco político, ante la gravísima situación social, política y económica que estamos atravesando, la respuesta que se está adoptando es consecuencia de una demanda muy grande por la formación, por la lectura, por la discusión política. Es necesario que nuestras generaciones -la de los jóvenes que rondan los 20 años y la de los que rondan los 30- comencemos a capitalizar este impulso y lo organicemos. Necesitamos nuevos manuales, los viejos se quemaron definitivamente, y los tenemos que comenzar a escribir nosotros.


No se trata solo de una renovación de cuadros, debemos llegar a una renovación en materia de ideas.


No se trata de descubrir la pólvora, sino de reactualizar las viejas discusiones y traer las históricas banderas y principios políticos que nos orientan, como la justicia social, la soberanía política, la independencia económica y el desarrollo nacional, a un panorama internacional y nacional completamente nuevo y desafiante. Es preocupante que no veamos en los medios, en las redes y en la arena pública en general, perfiles jóvenes especializados en los distintos temas clave para el desarrollo de nuestro país: economía, finanzas, seguridad, defensa y soberanía nacional, desarrollo productivo y un largo etcétera. Es preocupante porque sabemos que hay en distintos sectores perfiles que se están formando en estos temas, pero que no tienen visibilidad ni están organizados en una red que los impulse y los posicione.


Necesitamos espacios de encuentro entre aquellos que pretendemos el desarrollo del país. Un encuentro que se funde en ciertos acuerdos mínimos. Es fundamental que desde este encuentro se incentive la integración de la juventud en espacios de formación política, que permitan la formación de jóvenes dirigentes que tengan una visión holística de los problemas del país.


Ante una época signada por las redes sociales, con una velocidad de intercambio de información descomunal, que lleva a cierto vaciamiento conceptual y a la superficialidad, nosotros queremos oponer profesionalismo y formación. Es en este proyecto de encuentro y renovación que se inserta la propuesta de Revista Cíclica.


Abrir el juego. Potenciar ideas.


Revista Cíclica nace como un espacio de encuentro y generación de pensamiento crítico para el desarrollo nacional, que aporte a la construcción de un país mejor, que nos saque del estancamiento y la pobreza material y conceptual en la que nos encontramos. Sí, como dijimos, la formación política en todos los temas de trascendencia nacional es nuestro caballito de batalla. Pretendemos que Revista Cíclica sea el espacio donde parte de esta nueva elaboración teórica se profundice y se condense. Hay que darle un marco conceptual y espiritual a la renovación de la política argentina. No para permanecer en devaneos intelectuales, si no para impulsar la acción. No existe tal cosa como una disyuntiva entre teoría y praxis.


¿Por qué “cíclica”?


Quizás porque es un tópico recurrente en la narrativa de la argentinidad el tema de lo cíclico, la idea de que no podemos dejar de tropezar con la misma piedra y de que repetimos siempre los mismos errores como país. “El ciclo de la ilusión y el desencanto”, como se titulaba cierto libro conocido de historia económica. Justamente la propuesta de “Revista Cíclica” es trabajar sobre la historia y la tradición nacional, para encontrar esas recursividades, esos problemas estructurales que nos atan y nos alejan del desarrollo, y ensayar soluciones nuevas y renovadoras. Hay que entender el ciclo en el que está inmerso nuestro país, para poder intervenir en él y salir de una vez por todas de la situación en la que nos encontramos.


Nuestra vocación es que Revista Cíclica sea un ámbito de encuentro y discusión política abierto, donde podamos encontrarnos todos aquellos jóvenes que estamos obsesionados con sacar nuestro país adelante. Sabemos que hay muchos más allá fuera, en nuestra misma sintonía y con ganas de renovarlo todo. Ojalá esta Revista sirva como puente y catalizador de las inquietudes y el empuje que traemos las nuevas generaciones, para que impulsemos, de abajo hacia arriba, una renovación que es urgente y que ya está en marcha. 


Escrita por:


Romero, Felipe / Caporiccio, Francisco / Marchiano, Federico

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